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De forma general las políticas de empleo se dirigen a fomentar, apoyar y mejorar la participación de las mujeres y hombres en el mercado laboral, tomando como referencia la población activa, es decir, aquellas que manifiestan su interés por tener un empleo, situándose como población ocupada o desempleada. 

Los estudios sobre la situación de las personas en el empleo muchas veces se olvidan de la población inactiva, formada por un gran porcentaje de mujeres que no se han decidido  a buscar empleo, entre otros motivos, por tener que asumir en exclusividad las responsabilidades familiares y domésticas. Por ello es importante llevar a cabo actuaciones que atraigan a este segmento de la población que ha estado al margen de la actividad económica pero realizando un importante papel, aunque no reconocido socialmente.

La crisis financiera ha secado el acceso a la liquidez de las empresas, la destrucción de empleo y la falta de confianza han reducido las posibilidades de consumo y en la actualidad el clima empresarial no tiene demasiada confianza. Pero frente a esta compleja situación se debe actuar tratando de acelerar el motor del progreso económico del los territorios, sus empresas y todo el conjunto de personas trabajadoras que comienzan una nueva actividad en busca de autoempleo, desarrollando ideas  que permitan construir y transformar su entorno y con ello, crear riqueza.

La crisis también ha colocado a la persona emprendedora como la gran esperanza para el crecimiento económico. Entendemos por emprender, una actitud, una cultura , una forma de ver la vida y de transformar las ideas en productos, servicios, mejoras y , en definitiva riqueza.  El sello emprendedor no está ligado a una actividad empresarial concreta, sino más bien a una actitud para crear valor añadido, independientemente de la actividad que desarrolle. Hay verdaderas emprendedoras en el medio rural, buscando nuevos productos, nuevas formas de distribuirlos y de potenciar nuevas actividades.
Se deben aprovecharlas nuevas oportunidades que ofrece Internet, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) como instrumentos y herramientas para que las empresas que nacen y se consolidan, aceleren su crecimiento y posibilidades de supervivencia. 
La creación y consolidación de empresas, está  condicionada por los roles de género que atribuyen un mayor espíritu emprendedor  y capacidad empresarial a los hombres. De esta manera, las mujeres emprendedoras y empresarias tienen una menor presencia y participación en la actividad empresarial que los  hombres. En muchas ocasiones en los proyectos empresariales de mujeres se reproducen los aprendizajes y experiencias motivadas por su rol de género, desarrollando su actividad en sectores productivos relacionados con servicios a la comunidad (atención y cuidado de personas), servicios de consultoría y establecimientos comerciales y de hostelería, a diferencia de los hombres que suelen  ubicarse en el sector industrial y actividades relacionadas con las tecnologías y la innovación.

Las mujeres además tienen un menor acceso y disposición de recursos, lo que se traduce en una menor capacidad de inversión y por tanto una menor proyección empresarial.

Como factores de desigualdad que operan en el mercado laboral y que hay que tener en cuenta para propiciar la presencia y participación de las mujeres son los siguientes:
- Desarrollo de políticas y medidas de apoyo al empleo sin considerar la diferente situación de partida de las mujeres.
- Percepción tradicional del papel que deben desarrollar las mujeres y que provoca actuaciones que limitan los resultados de las políticas de empleo en material de igualdad de oportunidades.
- Invisibilidad de las mujeres inactivas en edad de trabajar  como grupo objeto de intervención.
- Presión social dirigida a que las mujeres prioricen la asunción de responsabilidades familiares y domésticas frente al acceso al empleo.
- Barreras empresariales ligadas a una percepción de menor disponibilidad, interés e implicación de las mujeres en el empleo.
- Barreras financieras para el desarrollo de  proyectos empresariales promovidos por mujeres.
- Desvalorización de la actividad de las mujeres, así como de su potencial.
- Elecciones profesionales con menor nivel de empleabilidad, relacionadas  con los roles asignados a mujeres, con menor proyección profesional y salarios más bajos.

También hay que tener en cuenta algunos aspectos relevantes en clave de género:
- La baja autoestima y la desconfianza de las mujeres en su saber hacer, motivada en muchos casos por la falta de reconocimiento de su aportación a la sociedad y a la actividad económica, las hace mostrarse inseguras respecto a sus propias capacidades para emprender una actividad.
- Ideas de negocios en nichos de mercado donde tradicionalmente han desempeñado  las mujeres el trabajo reproductivo.
- Casos de mujeres jóvenes con buen nivel de formación  pero con dificultades para la puesta en marcha de la empresa, estos tienen que ver con la credibilidad del proyecto, la visión masculina sobre las mujeres como “menos capaces”.
- El acceso a la información para la mujer en áreas rurales no es fácil, así como las posibilidades de formación profesional, elementos de gran importancia para la consecución de la igualdad de oportunidades  de las mujeres en todos los ámbitos. La educación funciona como herramienta de integración social y económica.
- La falta de acceso a los recursos y servicios, los altos grados de desocupación y la desigualdad en el acceso a las oportunidades de empleo, son alguno de los factores que han sido señalados como causa de pobreza y subordinación para las mujeres del medio rural.
- Las mujeres desarrollan importantes parcelas para el bienestar de la comunidad rural, sin embargo, su trabajo no es reconocido ni remunerado, es invisible, influyendo así negativamente en la autoestima de la mujer y en su falta de independencia económica.
- La discriminación de género afecta incluso a la mayor dificultad que tienen las mujeres rurales para acceder a los servicios financieros alternativos o microcréditos para la creación de empresas  que cubran las necesidades y mejoren la calidad de vida de las mujeres.

En la actualidad las mujeres rurales están desempeñando un papel fundamental en la construcción del nuevo modelo de sociedad rural y resultan indispensables en el modelo sostenible de desarrollo rural que la plantea la Política Agraria Común y la Política Regional de la Unión Europea. El diseño de estrategias de desarrollo rural sostenible, implica necesariamente la incorporación de la dimensión humana  y económica de las mujeres.